Buenas prácticas para evitar roturas de stock

Álvaro Bello Urbez

21/01/2021

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Álvaro Bello Urbez

21/10/2020

Nos encontramos en un momento en el que ir a una tienda (física u online) a comprar un producto y escuchar “Lo siento, el producto está agotado” o “No disponemos de más tallas de esa referencia” es habitual. En muchas ocasiones, esta falta de referencias está causada por un cambio dramático en los hábitos de compra online vs física y por las restricciones y frenos de movilidad que existen por la pandemia. Ante estas situaciones, se ha vuelto muy complejo hacer una buena gestión del stock y/o pronósticos de venta.

 

Se puede definir stock como la cantidad de producto que la empresa debe poseer con la finalidad de su posterior comercialización. En muchas ocasiones este stock debe sufrir un proceso de transformación previo a su venta, actuando como facilitador de la continuidad del proceso productivo, como podría ser la harina en la elaboración del pan. Mientras que en otras ocasiones la función de este stock es la satisfacción directa del consumidor, es decir, mantener el producto terminado en el almacén para proporcionarlo al cliente en el momento que lo desee.

A nivel económico, los stocks no proporcionan ningún retorno hasta que dejan de ser stocks y pasan a ser producto vendido. En muchas ocasiones, estos stocks representan un gran porcentaje del circulante de la empresa, por lo que una gestión efectiva del mismo es necesaria. Pero, por norma general, las empresas mantienen demasiado stock, simplemente por miedo al coste de oportunidad, es decir, por miedo a no poder hace frente a la demanda del mercado. A nivel organizacional, este stock “alivia” este miedo, ya que el director de ventas, querrá contar con producto suficiente para servir cualquier necesidad, el director de compras querrá mantener niveles de stock elevados para negociar con proveedores mejores condiciones en la compra de materias primas, y de forma similar, el director de producción querrá planificar una producción optima y eficiente sin tener que preocuparse de pedidos urgentes debidos a la falta de stock de una referencia en concreto.

Es por ello que existe el denominado “Stock de seguridad”, es decir, stocks que se mantienen por encima de las previsiones y cuya función es mantener el nivel de servicio en caso de que se produzca cualquier desviación, ya sea a nivel productivo, logístico o comercial.

Los stocks de seguridad de materias primas se usan para cubrir las incertidumbres en el suministro de bienes.

Los stocks de seguridad de productos terminados tratan de compensar las desviaciones causadas por la incertidumbre del mercado.

Los stocks de seguridad de trabajo en curso (WIP) o semielaborados tratan de compensar las incertidumbres de la demanda de mercado. Es decir, si se detecta la imposibilidad de servir producto al cliente, poder producir referencias de manera rápida.

 

Este stock de seguridad debe ser óptimo, es decir, no abundante y sólo en las cantidades realmente necesarias, ya que existen una serie de costes relacionados con el stock, que se tratarán de explicar a continuación:

1. Costes de almacenamiento: donde se incluye todo coste relacionado directamente con mantener el stock en el inventario, como el coste de oportunidad financiero, seguros, costes de mantenimiento, obsolescencia,…

2. Costes de lanzamiento: donde se incluyen los costes derivados de lanzar una orden de compra, también conocido como coste de pedido. Este coste es independiente de las cantidades a comprar o fabricar, y su valor total es proporcional al numero de compras realizadas durante un periodo determinado.

3. Costes de adquisicón: definido como la cuantía económica total empleada para realizar la compra del pedido y que normalmente depende del tamaño de lote usado. Cabe tener en cuenta que en muchas ocasiones los proveedores suelen ofrecer descuentos por cantidad para pedidos que superen un determinado nivel.

4. Los costes de rotura (stock out): los cuales se producen cuando un pedido no puede ser atendido por falta de stock.

Esta falta de referencias puede producir dos efectos:

a) Pérdida de ventas: donde los pedidos no satisfechos se pierden, ya que el cliente ha acudido a otro cliente, resultado en un coste de oportunidad y en una posible pérdida de la fidelización del cliente.

b) Servicio atrasado: donde en este caso, los pedidos no satisfechos se registran y se entregan cuando se dispone de ellos. Esto podría llevar consigo penalizaciones por contrato, pérdida de imagen y la pérdida de futuras ventas.

 

Por todo ello y como conclusión, una correcta gestión de las referencias y del stock de seguridad es clave para poder servir la demanda del mercado y evitar así costes innecesarios. Una posible manera de lidiar con la incertidumbre del mercado es realizar previsiones avanzadas de demanda, siendo estas el input para gestionar las consiguientes operaciones, tanto productivas como comerciales.

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Álvaro Bello Urbez

Imperia SCM

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